En una acción armada ilegal se produjeron también asesinatos de ciudadanos venezolanos

Los humanistas denunciamos el secuestro del presidente de Venezuela por parte del gobierno de Estados Unidos, realizado en la madrugada del 3 de enero de 2026. El operativo militar, llevado adelante sin aval alguno del derecho internacional, provocó además la muerte de un número aún no determinado de ciudadanos venezolanos.

En declaraciones posteriores, Donald Trump anunció que evalúa acciones similares contra Colombia, Cuba, México y Groenlandia, invocando argumentos de narcotráfico o de seguridad nacional. Estas afirmaciones configuran una escalada peligrosa que vulnera principios básicos de soberanía, autodeterminación de los pueblos y convivencia pacífica entre los Estados.

Exigimos la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y reclamamos el cese de las acciones armadas unilaterales que el gobierno de Estados Unidos viene desplegando contra países soberanos del continente americano.

Al mismo tiempo, consideramos imprescindible llamar a una reflexión profunda y a una respuesta política responsable frente al complejo escenario internacional que atraviesa el mundo. No estamos ante hechos aislados ni ante decisiones coyunturales, sino frente a una fase de transición del orden global, signada por tensiones económicas, financieras y geopolíticas de gran escala, donde el recurso a la fuerza aparece como intento desesperado de preservar una hegemonía en declive.

En este contexto, proponemos formas de acción no violenta que contribuyan a crear conciencia, articular voluntades y frenar la normalización de la violencia como herramienta de política internacional.

1. Interpelación política y jurídica a los organismos internacionales
Llamamos a las y los funcionarios que integran el sistema internacional de derechos humanos, así como a los Estados que aún reconocen el valor del derecho internacional, a pronunciarse de manera clara frente a la ilegalidad del operativo militar en Venezuela y al secuestro de su presidente.
Somos conscientes de las limitaciones estructurales de los organismos multilaterales, del peso desproporcionado del Consejo de Seguridad y del uso del veto como herramienta de bloqueo. Precisamente por eso, resulta necesario interpelar a quienes ocupan cargos institucionales para que asuman su responsabilidad histórica y no convaliden, por omisión o silencio, una violación flagrante del orden jurídico internacional.

2. Coordinación política regional y multilateral

Antes que decisiones unilaterales inviables o gestos simbólicos vacíos, proponemos avanzar en espacios de coordinación política regional, particularmente en América Latina y el Caribe, que permitan construir posiciones comunes, defender márgenes de autonomía y evitar una reedición de la lógica del “patio trasero”.

Más allá de los gobiernos que convalidan el accionar violento y al margen de los cánones del derecho internacional, estas articulaciones deberán abrirse paso también a través de los pueblos y de las organizaciones sociales, políticas y culturales que expresan este sentir y sostienen, en la práctica, la defensa de la soberanía y la paz.

La fragmentación solo fortalece a quienes buscan imponer su poder por la vía de la fuerza.

3. Medidas económicas y financieras selectivas y responsables
El escenario internacional actual muestra que las economías están profundamente interconectadas y que las rupturas abruptas suelen perjudicar más a los pueblos que a las élites que toman las decisiones. Por ello, cualquier medida económica debe ser pensada con criterio estratégico, evitando salidas simplistas.
Sin embargo, es legítimo y necesario debatir mecanismos de defensa económica, diversificación de vínculos comerciales, fortalecimiento de monedas locales, cooperación Sur-Sur y construcción de sistemas financieros alternativos que reduzcan la dependencia estructural y limiten la capacidad de coerción de una sola potencia.

4. Conciencia ciudadana y acciones individuales no violentas
Llamamos a las personas, organizaciones sociales y movimientos a reflexionar críticamente sobre sus consumos, sus vínculos económicos y su rol como ciudadanos del mundo. El boicot selectivo y consciente a productos y empresas que se benefician de políticas de agresión puede ser una herramienta legítima de protesta, ejercidas desde la convicción y la coherencia ética.

Estas acciones no buscan confrontar desde la soberbia ni desde la ilusión de soluciones inmediatas, sino aportar a la construcción de una conciencia social en un momento histórico atravesado por profundas disputas de poder. La no violencia no es pasividad: es una forma activa de resistencia que rechaza tanto la dominación armada como el cinismo geopolítico.

EXIGIMOS LA LIBERACIÓN INMEDIATA DE MADURO Y EL FIN DE LAS ACCIONES VIOLENTAS DE TRUMP EN CONTRA DE PAÍSES SOBERANOS.